De seguro paso por la exposición.
-"Especialmente”. ¿Acaso entiendo yo especialmente?- No le dirigí la palabra en toda la noche. Preferí seguir embriagándome con el vino barato que servían en la exposición. Estaba toda la gente conocida por él y por mí. Sonaba música de Kasper. Estaba bien conectado. Todos estaban bien conectados, conectados con las drogas, el alcohol, la soledad, la promiscuidad. Alejandro caminaba a mi lado. Observaba las instalaciones con algo de desprecio en los ojos. Parecía que su apreciación estaba ocupada en otras cosas. En el artista tal vez. Él me observaba de reojo vigilando para donde me movía con Alejandro, mientras reía con sus sosos amigos.
-Deberías "darnos" una vuelta- Me dirigí a la terraza. La lluvia espantaba a los caleños. Me senté sobre la mesa que daba al balcón directamente. Encendí un cigarrillo. Alejandro acerco su boca con el cigarrillo para encenderlo con el mío.
-Que tal la vieja esta, no debería ni siquiera tener la cara para saludarme. La última vez que me vendió de su cosa casi me desangro por la nariz- Alejandro refunfuñaba y manoteaba, expulsaba humo y palabras. Lo miré. Di una fumada al cigarrillo y voltee la mirada para la calle. Estaba cubierta de agua y autos vacíos. Autos de color verde, azul, negro, blanco. Solo había un auto amarillo y viejo. Levante la cabeza para observar la luna que se desprendía de tanta nube negra encima de ella. Le arroje el humo como tratando de sofocarla. De arroparla con más gris.
La gente salía y continuaban charlando sobre la expo. Había un par de hombres gratos, casi invisibles a los ojos de los demás pero no para mí. Deberían tener un mínimo de edad legal para estar ingiriendo cerveza como lo hacían. -El discreto encanto de la adolescencia, de la decadente adolescencia- pensé.
-Vámonos- me dijo él. Yo le respondí animado por el calor ocasional del vino. Sentía la cabeza flotante. El estímulo de ver a aquellos adolescentes pasearse en la exposición con ese garbo de adultos contemporáneos.
-Esto tiene continuidad, como siempre que llueve, seguro terminaremos embriagándonos en la casa tuya, en la mía, en la nuestra, que se yo- le dije con la mirada totalmente distraída. Alejandro permanecía al lado mío. Lo saludo levantándole la ceja y arrojando el humo del cigarrillo hacia su cara.
-No, vámonos ya. Estoy cansado de estar aquí - Replicó con tono ofendido. Odiaba que hablara con Alejandro.
-Deberías "darnos" una vuelta- Me dirigí a la terraza. La lluvia espantaba a los caleños. Me senté sobre la mesa que daba al balcón directamente. Encendí un cigarrillo. Alejandro acerco su boca con el cigarrillo para encenderlo con el mío.
-Que tal la vieja esta, no debería ni siquiera tener la cara para saludarme. La última vez que me vendió de su cosa casi me desangro por la nariz- Alejandro refunfuñaba y manoteaba, expulsaba humo y palabras. Lo miré. Di una fumada al cigarrillo y voltee la mirada para la calle. Estaba cubierta de agua y autos vacíos. Autos de color verde, azul, negro, blanco. Solo había un auto amarillo y viejo. Levante la cabeza para observar la luna que se desprendía de tanta nube negra encima de ella. Le arroje el humo como tratando de sofocarla. De arroparla con más gris.
La gente salía y continuaban charlando sobre la expo. Había un par de hombres gratos, casi invisibles a los ojos de los demás pero no para mí. Deberían tener un mínimo de edad legal para estar ingiriendo cerveza como lo hacían. -El discreto encanto de la adolescencia, de la decadente adolescencia- pensé.
-Vámonos- me dijo él. Yo le respondí animado por el calor ocasional del vino. Sentía la cabeza flotante. El estímulo de ver a aquellos adolescentes pasearse en la exposición con ese garbo de adultos contemporáneos.
-Esto tiene continuidad, como siempre que llueve, seguro terminaremos embriagándonos en la casa tuya, en la mía, en la nuestra, que se yo- le dije con la mirada totalmente distraída. Alejandro permanecía al lado mío. Lo saludo levantándole la ceja y arrojando el humo del cigarrillo hacia su cara.
-No, vámonos ya. Estoy cansado de estar aquí - Replicó con tono ofendido. Odiaba que hablara con Alejandro.



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