Afección
-Pero parecía más feliz cuando estaba con ella ¿no te parece? La felicidad va de la mano con la buena compañía- me decía desde el salón. Yo estaba en el balcón. Sin escucharlo, encendía mi cigarrillo con el único fosforo de madera que quedaba. Lo encendía con un cuidado maternal, incisivo. Estaba en contra del viento, contra los cristales de la puerta. La llama parpadeaba pobremente, con frío, con miedo. Mis manos lo acobijaban con fulgor, con extremismo protector. El fosforo falleció sin calentarle la punta a mi cigarrillo. Mire hacia la noche con rabia.
-¿Me estas escuchando? Deberías dejar de fumar, hueles horrible cuando fumas- gritó de nuevo.
Abrí la puerta de vidrio y le vi el rostro lleno de gotas de agua. Le corrían por la cara y mojaban su camiseta gris. Caían y caían sobre toda su ropa. Parecían infinitas
-No sé, a veces las personas suelen ser más felices solas que acompañadas, incluso cuando la felicidad está disfrazada de pareja perfecta- le dije mientras caminaba para la cocina. Estaba descalzo y sentí mi pie inundado de agua en uno de los charcos formados por su rostro acuoso. Lo miré de reojo con rabia.
-No sé, a veces las personas suelen ser más felices solas que acompañadas, incluso cuando la felicidad está disfrazada de pareja perfecta- le dije mientras caminaba para la cocina. Estaba descalzo y sentí mi pie inundado de agua en uno de los charcos formados por su rostro acuoso. Lo miré de reojo con rabia.
-Pero uno es más feliz cuando está con alguien, se comparten cosas, se comparte tiempo, espacio, amistad, amor... - Ya no lo escuchaba. El sonido del gas saliendo de la estufa me distraía. Buscaba encender mi cigarrillo de alguna manera. Agaché la cabeza buscando acoplar el cigarrillo con la azul llama que salía y sosteniendo con las dos manos la bufanda que colgaba de mi cuello. Él me miraba de reojo, recostado en el marco de la puerta. Me miraba con desaprobación. Últimamente no conocía otra mirada suya.

Comentarios
Publicar un comentario