Conversación


-Alguna oscuridad yace en mí, se mueve con vida, con ansias. Incluso a veces es incontenible, vasta y fecunda. Se reproduce conmigo mismo y crea cosas negras, altivas. Va más allá. Somos dos tratando de controlar un cuerpo…-

-Sobre la soledad… - me interrumpió.

-No. No es sobre la soledad. Esto tiene un carácter más personal, más interno. Es de esas cosas que uno no habla con todo el mundo porque simplemente no se pueden comentar. Hay cosas que me hacen sentir extraterrestre, que a veces dan temor consultarlas, ponerlas en boca y oído de otro. Exponerlas a consideración. Es extraño. - le refuté con rabia.

Me miraba con atención, con ojos grandes, como un niño.

-No cree que somos a veces demasiado hipócritas con nosotros mismos. La gente no nos ve como somos realmente. Hay seres que son nocivos para la salud o bueno, al menos considerados como tal. Hay demasiadas consideraciones para vivir con tranquilidad. Soy una construcción. Una piel. Una coraza. Quiero estar en todo. Con todos.- le dije mientras alargaba mi mano al bolso.

Mi celular timbró. Lo mire de reojo mientras trataba de mirar por la ventana. Afuera estaba soleado. Azul. Flotaban colores y emociones. Me dio rabia. No me gustaba fumar con el sol en alto. Respetaba al astro mayor.

-Creo que necesitas un trago de licor. Debe ser que ya casi es viernes.- término diciéndome. Cortante y sincero. Creía que mis palabras no iban a ningún lado.

Salí de allí. Irrespetuosamente fumando. Tenía tiempo de rodearme de alcohólicos y me creía uno de ellos. No había razón. Podía pasar un día del martes entero sin tomar una cerveza. Llamé a Andrea. Caminé hacia el centro. Empezó a ventear muy fuerte. La gente de pelo largo caminaba con dificultad. El pelo se les arrojaba sobre el rostro como un terrible enemigo. Yo sentía el viento tan fuerte librándome de todo mal, arrancándolo de la piel, de los huesos, del espíritu. Deje mi ímpetu con el clima y decidí alegrarme.

Había tenido un tedioso episodio con Mauro en el campus de la U. Ya no sentía ninguna atracción por la marihuana ni por sus consumidores extremos. Obviamente algunos de mis más cercanos y queridos amigos consumían con alguna frecuencia esta sustancia y por supuesto, tuve terapias adolescentes con este tema de principio. Fumaba marihuana hasta que la depresión se me volvía crónica y mirarme al espejo me asustaba. Me consumía un afán por verme a mí mismo en ese estado. Le fui cogiendo fobia. Luego asco.

Comentarios

Entradas populares