Fulgor.

No sin antes dejar algunas notas pegadas en lugares específicos... una contundencia barroca... exagerada me parecía... Decidí encender una vela roja en el piso del salón, provocando un ocaso repentino y una muerte.  Una luz constipada y sin ganas se reflejaría bajo la puerta, justo antes de que cruzara el umbral, entraría alterado por esta minúscula llamarada y ese color de fuego, de destrucción que titilaría en las ventanas y en los vidrios alarmarían más su llegada a casa.   Al abrir la puerta se cerraría todo en oscuridad. Morirán todos los ángulos, el blanco y negro, el ocre, lo gris y lo turbio.  La muerte de la llama dejaría solo sorpresas, más sorpresas que encontrar.  

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