Una receta. La número 32.

Siempre he tenido una letra rondando en la cabeza ultimamente: la D. Aunque no es ultimamente la mejor palabra para hablar sobre ella ya que a menudo escribía en cualquier superficie una D garabateada, que no era minuscula ni mayuscula, ni cúrsiva ni generica. Era una D borrosa, torcida y de aspecto rosco, desganada, con definiciòn en algunas partes y en otras se fundía entre el papel, el carbón o la tinta. Y fue hasta despues que aquella letra empezó a buscar significiación, color y sentido. Se acompańo de otras para convertirse en palabra o en varias o en vida. O en darle vida a las palabras y a los pensamientos que inundaban mi cabeza y que se aglomeraban entre las pupilas, debajo de los parpados apretados y humedos. Una palabra tras otra aparecian y seguian cayendo sobre los libros: desgracia de repente y veía pasando años de pena y de dolor adolescente, frusteado y pequeño...  y ahora veo a un hombrecillo callado apretando su cara contra la almohada con determinación voráz por desaparecer de allí. Pero sin saber que cada deseo y cada pensamiento que apretaba en sus ojos en sus puños y en sus labios se convertian en pesos sólidos que se apilaban en sus pies. Pesas y rocas enormes que se acumilaban sobre sus tobillos y que se aferraban a su cuerpo con unos apendices invisibles que capturaban su determinación y las alimentaban haciendose gordas.

El chico lloraba a veces y otras salía para involucrarse en sueños que armaba con retazos de la realidad. ¿ y qué tan invalido puede ser que la mente de un adolescente transforme sus pensamientos en actos y relaciones y personas con ojos y bocas y manos que le ayudan a sobrevivir la realidad que rodea su cama?

No tengo la menor idea. Él tampoco debe recordarlo ya. Las rocas se arrastran en cualquier dirección que va y ciando ven un gramo de determinación se lo arrebatan y se lo tragan entero mientras él queda en blanco, caminando en circulos y pensando en circulos y olvidando el arriba y el abajo, el ahora y el despues..   el tiempo pasaba y el no veía nada con afán. Trataba de salir y de "determinar" sua acciones pero estas se evaporabam junto al calor de su cuerpo que iba tranformando pequeños habitos en cadenas qie se fundían con las rocas.

Me asomo a esa ventana y veo si cara aplastada contra la misma almohada, apretando los dientes y sońando con otra ciudad y otros cuartos y otro clima pero sin razón. Con un conjunto rapaz de ilusiones que no lo llevama  ninguna parte, que solo le ayudana llenar su panorama de recuerdos y memorias en sepía que se dispersan en el agua que cae y agobia si peso bajo las piedras que han sepultado su cuerpo y si cara y han creado un mundo nuevo que sin saberlo lo encierra sin decisión... lo encierran con determinación en un presente paralelo. NADA ES REAL le digo desde arriba. Y ahora deja de ver una sola d borrosa y ahora ve una d de determinación.

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